Cegado por los contenidos
Al desarrollar un proyecto de software uno suele empezar con una lista de especificaciones y requisitos, planificación de tiempos, versiones y entregas, decidir la metodología, comprobar el número de latas de coca-cola, recopilar algo de documentación sobre la tecnología empleada y sobre todo intentar prever los posibles problemas que puedan mermar la productividad en el desarrollo.
También intervienen otros factores menos técnicos, léase motivación, situación personal, espadas de Damocles varias y flexibilidad o diámetro máximo del nudo que suele formarse en la boca del estómago cuando se acercan las fechas de entrega.
Pese a todo, y guiado por un injustificado optimismo, uno se pone a escribir código con la ilusión de que esa relación de funciones, clases y modelos de datos cobren coherencia algún día y permitan dar la sensación de que realmente se está frente a una aplicación fiable, robusta y escalabable (ja, ja, ja..).
Hasta llegar a ese punto, creo que uno de los principales problemas que afectan al desarrollo son las pajas mentales. Me refiero a las dudas que van surgiendo sobre la estructura del proyecto, con sus respectivas molestias, presiones y dolores de cabeza que generan en el día a día. Que si esta clase empieza a hacer demasiadas cosas y necesita de otra auxiliar. Que por qué demonios utilizo esta función tan cutre y ahora cambiarla me da yuyu porque es muy utilizada. Que le tengo manía a la tabla DatosChungos porque los nombres de los campos no son descriptivos y seguramente los puse un lunes de resaca, etc.
Otro de los problemas típicos, por suerte no tan común, es cuando los datos que gestiona la aplicación son contenidos que te pueden resultar más interesantes de lo debido. En otras palabras: que distraen que te cagas. En este caso la baja productividad no está relacionada con el maldito bug #75654 del parser de turno, sino en como molan las fotos que escupe la API de Flickr, o que probando-probando este lector RSS en PHP me paso media mañana cotilleando por la blogosfera.
Para más información pregunten a los desarrolladores de sitios web pornográficos. O sin ir más lejos, al programador de un sitio de recetas de cocina y como se las apaña para no babear sobre el teclado.

