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Presupuestos y propuestas

No ha empezado nada mal el año. Además de la reorganización, me ha dado tiempo para remitir tres presupuestos, reunirme con un estudio de diseño gráfico de la zona para una posible colaboración, y enviar un prototipo-pantallazo-propuesta de web inmobiliaria para el cliente de una empresa de posicionamiento con la que colaboro.

El tema de los presupuestos para desarrollos web es bastante delicado, y supongo que cada cual aplicará su manual de instrucciones particular, más o menos moldeado por la experiencia y por la intuición de qué es lo que realmente persigue el cliente.

En mi caso, y antes de enviar presupuesto alguno, hablo un rato y tanteo para hacerme una idea de su nivel de conocimientos, con tal de no hacer un presupuesto demasiado complicado hablando de hierbas como plugins o mysql. Aunque, por otra parte, creo necesario explicar con suficiente precisión cada una de las tareas que se realizarían.

Este desglose de conceptos técnicos pienso que también debería reflejar todos los puntos intermedios necesarios para cumplir cada tarea. Por ejemplo, el concepto diseño web debería explicar que habrá un prototipo preliminar que tendrá que validar y dar el visto bueno, que después pasará a ser maquetado, estilizado con colores, tipos de letra y fondos y motivos gráficos, y que finalmente se le inyectará el código que permita ejecutar las funcionalidades requeridas.

Tampoco se trata hacer listas, pero siempre intento introducir cierto nivel de detalle. Para proyectos no demasiado largos ni complicados, un presupuesto no me ocupa más de una hora ni excede de dos páginas. De lo contrario, y en caso de no aceptarse, estaría perdiendo dinero. Además, aunque no es un contrato que deba cumplirse a rajatabla, sí debería aproximarse lo máximo posible al coste final.

Todo esto lo digo porque a veces, desde fuera, puede dar la impresión de que no parece justificado el número de horas que empleamos en completar cada una de las fases. Y en realidad casi siempre lo son. Es más, en ocasiones puedes confiarte en exceso -ya sabéis, nada es tan simple como parece- y estimar menos horas de las necesarias, lo cual puede convertirse en un grave problema, ya no solo de plazos de entrega, sino de credibilidad de cara al cliente, o lo que es peor, contigo mismo.

Espero que no lo digas en serio
  (no será publicado)