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El programador a las tres de la mañana
Sintonías de Fringe

La Ciudad huele

Lentamente, su coche patrulla avanzó por el carril para vehículos. La realidad volvía a rodear a Baley. Su desintegrador era un peso cálido y agradable contra su cadera. El ruido y la vida vibrante de la Ciudad eran igual de cálidos, igual de agradables.

Por un momento, mientras la Ciudad se cerraba sobre él, su nariz cosquilleó con un ligero y fugitivo olor acre.

La Ciudad huele, pensó sorprendido.

Pensó en veinte millones de seres humanos amontonados entre los muros de acero de la gran caverna y por primera vez en su vida los olió con una nariz que había sido limpiada por el aire exterior.

¿Sería diferente en otro mundo?, pensó. ¿Con menos gente, con más aire… más limpio?

Extracto de Bóvedas de acero, by Asimov.

Espero que no lo digas en serio
  (no será publicado)



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