Anotaciones de la categoría Libros

La Ciudad huele

Lentamente, su coche patrulla avanzó por el carril para vehículos. La realidad volvía a rodear a Baley. Su desintegrador era un peso cálido y agradable contra su cadera. El ruido y la vida vibrante de la Ciudad eran igual de cálidos, igual de agradables.

Por un momento, mientras la Ciudad se cerraba sobre él, su nariz cosquilleó con un ligero y fugitivo olor acre.

La Ciudad huele, pensó sorprendido.

Pensó en veinte millones de seres humanos amontonados entre los muros de acero de la gran caverna y por primera vez en su vida los olió con una nariz que había sido limpiada por el aire exterior.

¿Sería diferente en otro mundo?, pensó. ¿Con menos gente, con más aire… más limpio?

Extracto de Bóvedas de acero, by Asimov.

Versión zombie

Qué mejor forma de hacer revivir a los clásicos que realizar versiones de los mismos con un alto grado de componente zombie. Seth Grahame-Smith es el fundador de este irreverente movimiento de la zombificación de clásicos, sorprendiendo recientemente al mundo y a su mujer con el libro Pride and Prejudice and Zombies.

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Los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece

Subí­a apoyándose en el borde de la roca, cuando oyó el cascabeleo. El colmillo se le hundió en la carne. Instantáneamente retiró la mano derecha; se volvió y vio la serpiente, enroscada, amenazadora. No era muy grande. Llevándose la mano a los labios, succionó con fuerza la base del dedo í­ndice, donde asomaba una gota roja.No perder tiempo en matar a la serpiente, recordó.Se dejó caer, succionándose el dedo. Vio el martillo al pie de la roca, y pensó si lo dejarí­a allí­. Pero aquello se parecí­a al pánico. Lo recogió con la mano izquierda y avanzó por el áspero sendero.

Así­ empieza La Tierra permanece, de George R. Stewart.

Los grillos del universo

Del mismo modo que el grillo no puede comprender el mecanismo del ordenador, porque le falta complejidad neuronal y capacidad intelectual, los seres humanos tampoco pueden resolver la mayorí­a de los problemas siderales, ni comprender la razón de su propia existencia. Los seres humanos somos algo así­ como los grillos del universo, careciendo del desarrollo cerebral adecuado para entender los misterios divinos y humanos que nos rodean.

José M. R. Delgado, Mi cerebro y yo.

El destino de la humanidad

Y la gente que cree en Dios piensa que Dios ha puesto seres humanos en la Tierra porque piensa que los seres humanos son el mejor animal, pero los seres humanos sólo son un animal y evolucionarán hasta ser otro animal, y ese animal será más listo y meterá a los seres humanos en un zoo, como ponemos a los chimpancés y a los gorilas en el zoo. O los seres humanos cogerán todos una enfermedad y se extinguirán o producirán demasiada contaminación y se matarán a ellos mismos, y entonces sólo habrá insectos en el mundo y ellos serán el mejor animal.

Christopher Boone en El curioso incidente del perro a medianoche.