Hoy he dado una clase de PHP. Es una clase particular a un amigo-colega que hasta ahora se había manejado con sitios hechos en Flash, pero que tiene inquietudes y además ya le van pidiendo proyectos más complejos. Hacía años que no daba clases, y no es que ahora me vaya a dedicar a ello, pero en cierto modo tenía ganas de parlotear un rato sobre programación sin necesidad de que hubiera un proyecto por en medio.
No, no me refiero a que no tenga nada que hacer o sin proyectos a la vista, o que me haya pasado algo gordo que me dejara mal parado, aunque entre las cenas de navidad y el año nuevo -menos mal que me he tomado una semanita de vacaciones preventivas para aguantar el tipo en estas fiestas- la vuelta al trabajo empieza a adquirir tintes épicos.
Aunque los efectos no han sido tan devastadores como en Dénia, El Vergel o Beniarbeig, aquí la crecida del río provocó inundaciones y anegó campos y carreteras.
La desembocadura del río Gorgos era espectacular y se originaban grandes turbulencias al embestir el agua del río contra el mar:
A la hora que fui a tomar las fotos el viento impedía acercarse a la desembocadura, pero hubo gente que pudo echar fotos más de cerca.
También el temporal propició el hundimiento de un yate que estaba anclado junto al puerto, y el oleaje se encargó de enviar los restos a la playa de la grava:
Pero la parte más afectada fue la zona de la playa de el arenal, donde la inundación de el canal de La Fontana arrastró hacia el mar a decenas de embarcaciones de recreo:
Estaba yo el otro día dándole a la tecla cuando empecé a oir sonidos de sirenas de ambulancias y policía. En Jávea es habitual que por estas fechas hayan más accidentes, desmayos y sofocos varios, pero el cacao que se había montado aquel día parecía algo gordo. Miré por la ventana, pero no acerté a ver ninguna ambulancia, explosión nuclear o al menos un pequeño incendio.
Poco suelo hablar con los amiguetes sobre informática, Internet, blogs, etc.. Hablo de amigos de toda la vida, de los que nos vemos de vez en cuando y a veces quedamos para cenar, o simplemente coincidimos, tomamos una cerveza y hablamos un rato.
Algunos tienen un trabajo que implica utilizar ordenadores, hacen uso de alguna aplicación a medida para llevar el negocio, los que menos se conectan de vez en cuando aunque solo sea para leer el correo, y los que más me gonorrean la ADSL las tardes en que no ando muy ocupado.
Es mediodía y estoy conduciendo tranquilamente por la carretera de Las Planas, bordeando el parque natural del Montgó cuando, justo antes de la última curva, oigo un clac al pisar el pedal de embrague. El cable del embrague se ha roto y el pedal va suelto.
Las incursiones playeras al anochecer se han convertido, más que en costumbre, en una adicción. Durante el día experimento un malestar recurrente y parece que todo me sienta mal. Misteriosamente, al llegar la noche, todas esas molestias desaparecen.
Ayer por la mañana fuimos a la playa y hubo un momento en que, tumbado en dirección contraria a la orilla, mirando ociosamente el improvisado aparcamiento que se extiende a lo largo de la línea de costa, me fijé en un individuo que dejaba publicidad en los limpiaparabrisas de los coches allí aparcados. Pero no de cualquier coche. Sólo lo hacía en coches de lujo: BMW, Mercedes, Audi, etc. Abrasado por el sol, rápidamente olvidé esta circunstancia y, más tarde, cuando volvíamos hacia el aparcamiento, no curioseé sobre el contenido de estos anuncios, y lógicamente a mí no me habían colocado ninguno.
No estaría mal que lloviera un poco y que volvieran a repetirse dias como los del verano pasado. Al menos por unas horas, que este calor no deja vivir.
Sin listas de espera ni certificados psicológicos, para solitarios o parejas hetero, gays o lesbianas. Podéis adoptar solo uno, una parejita o los 3 a la vez. Actualmente residen por la zona de Alicante, más concretamente dentro de una caja.